| Como convirtio su casa en Museo el Chino Billetero |
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Entre un mundo de frivolidad, medios de comunicación dominantes y rangos clasistas de ciudad media, existe un lugar que nos recuerda que nada está perdido. Todo lo encontró nuestro amigo "El Chino Billetero".... En la calle Juárez número 532 y 538 poniente, se encuentra la casa de Héctor Manuel Delgado Salas Alias: “El Chino Billetero” que hizo de su casa el museo más rico en joyas Arqueológicas del Estado de Sinaloa. “El Chino Billetero” nació el 16 de junio de 1938, proveniente de una muy humilde familia de 16 hermanos. El Chino comenzó su vida laboral desde los nueve años cuando empezó a trabajar vendiendo leña. Allí él caminaba y caminaba, recorría cerros solitarios, hasta que un día vio a unos gringos recogiendo piezas arqueológicas. En ese momento al ver que gente ajena desentrañaba a nuestra tierra de sus pertenencias, se llenó de celos y coraje, y pese a su corta edad y sin proponérselo empezaría la tarea de contribuir al rescate de nuestro patrimonio regional. De aquí en adelante la búsqueda se convirtió en obsesión, era como si cada hallazgo se convirtiera en un tesoro de incalculable valor. Así fue como su vida a su precaria edad cambiaría de rumbo, guiando sus pasos el destino que le tocó vivir. Salía a las afueras de Culiacán y contrataba a un chofer de taxi, que lo llevaría a la aventura arqueológica más grande de su vida, donde recorrían: Aguaruto, San Pedro, Navolato, Bacurimí, Limón de los Ramos, El Salado, Tabalá, Carrizal, Cruz de Elota, Tacuichamona, entre otros lugares. Al mismo tiempo en que el chino recorría estos lugares, se dedicaba a vender billetes de lotería que a primera instancia pareciera que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero lo más curioso es que sí tuvieron mucho que ver, esto se los contaré más adelante. La capacidad de observación y sentido lúdico de la vida llevaron a este personaje a crear una magia que fue creando él mismo, donde una serie de casualidades empezaron a brotar. Las piezas arqueológicas que él encontró y sigue encontrando, “él no las busca, las piezas arqueológicas lo buscan a él”, ya que su búsqueda es a flor de tierra. Es curioso pero cierto, nos cuenta que por donde pasa siempre se encuentra algo interesante. Aparte de piezas arqueológicas se encuentran con un sinfín de objetos extraños que la misma naturaleza ha creado como: piedras pintadas, trozos de madera en forma de animales, así como piedras preciosas.
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